Pero desde siempre –ya saben ustedes que siempre hay un pero en la vida-, desde que me acuerdo, el bienestar de los demás me ha importado. Antes lo entendía como una virtud pero de un tiempo acá se convirtió en un defecto. Los seres humanos no podemos ayudar a nadie más que a nosotros mismos y eso no siempre es acertado. Creo que con simplemente estar ahí, escuchar lo que los otros tengan que decir, uno logra algo; si además, uno tiene la palabra correcta, quizá hagamos sentir bien a la otra persona y, finalmente, si con base en eso se crea un lazo sólido de unión limpio y sincero, entonces trascendemos. Lo demás está, sinceramente, fuera de nuestro alcance.